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MIEDO, ESTRÉS Y ANSIEDAD

por Alicia Gómez Garcia

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Hay una máxima que resume perfectamente lo que siente el ser humano, “la fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte”

Para nosotros el miedo a vivir y el miedo a morir, son los dos aspectos más fundamentales que pueden paralizarnos. De hecho, es en sí, la esencia de nuestra propia existencia.

Con la situación que estamos viviendo hoy en día con la pandemia del Covid 19, el miedo se ha convertido en un elemento de nuestro día a día. Ya no sólo al contagio, a que no se vean afectados los nuestros, nuestros mayores, el miedo a la soledad, a una mala noticia, el miedo a morir… Sino que en cierta manera, la incertidumbre de nuestro futuro, la inseguridad de cuándo y cómo saldremos de esto, la incertidumbre económica, si seremos los mismos de siempre, ese miedo a vivir, es hoy también nuestro compañero a diario.

Definir el MIEDO es algo complicado, hay distintos puntos de vista, doctrinas que lo analizan, y diferentes criterios a seguir.

De una manera sencilla, podemos definirlo como la sensación de angustia que se produce ante la percepción de una amenaza.

Esa amenaza puede ser física o emocional. Es una señal que indica que existe una desproporción entre la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos de los que disponemos para solucionarla. De hecho hay expertos que a este miedo lo denomina FUNCIONAL, siendo aquella angustia que usamos como señal ante esa desproporción.

 

Frente al miedo DISFUNCIONAL, que ya sí que me paraliza, me inhibe, bloquea la posibilidad de solucionar la situación a la que me enfrento. Siendo éste el que debe trabajarse, para que tan solo sea funcional, para que tan solo sea una herramienta de evolución, de aprendizaje.

A nivel fisiológico sabemos, que el miedo activa el hipotálamo, el cual a su vez activa al lóbulo frontal de la corteza cerebral y éste a la glándula suprarrenal. La glándula provoca una descarga de adrenalina que hará que el cuerpo esté preparado para huir, siendo la reacción fisiológica lógica a una situación de amenaza. Así veremos cómo se dilatan las pupilas, la tensión arterial aumentará, los músculos se contraerán y les llegará más glucosa

Por eso, desde el punto de vista cognitivo, el miedo es valioso, nos da una información sobre la falta de recursos que no tenemos para enfrentarnos a una situación determinada. Contribuye entonces, a la supervivencia de la persona.

 

El miedo ha descargado en nosotros, la energía necesaria para encontrar la solución, no para huir como en un principio parece que era su programa. Debemos aprovechar esa información, esa falta de recursos que parece tenemos, puede ayudarnos a salir adelante, y aprender de ello.

De la misma forma, el miedo es definido y tenido en cuenta como una de las seis emociones básicas, junto con el enfado, la alegría, la sorpresa, el asco y la tristeza. Ya que al fin y al cabo, una emoción es aquella respuesta neuropsicofisiológica y subjetiva ante una situación externa o interna, que provoca un cambio en nuestro estado y nos prepara para la acción.

Y así podemos entender el miedo, como una información básica ante la falta de recursos para enfrentarnos a una situación desproporcionada, a la que creemos, no podremos abordar.

Lo mismo ocurre con la definición del ESTRÉS. En opinión de muchos expertos, definirlo es algo complejo, la definición que goza de una mayor autonomía es la dada por la psicología.- es la respuesta del sistema nervioso a un acontecimiento o una situación que se percibe como una amenaza.

Así casi, coincide con la definición que hemos dado del miedo. Al fin y al cabo es una respuesta a una información que nos avisa de una amenaza, de una situación que creemos no podemos controlar.

Sin embargo desde la perspectiva de la Medicina, el estrés puede definirse como un conjunto de reacciones fisiológicas que se presentan cuando una persona sufre un estado de tensión nerviosa, producto de diversas situaciones. Así, según esta definición, llevado a la salud, es el máximo nivel de tensión que puede soportar una persona.

 

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como un fenómeno, como el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción (OMS, 1994). Así, considerado desde este punto de vista, el estrés sería una alarma, un estímulo que conduce a la acción, una respuesta necesaria para la supervivencia, respuesta que puede ser coherente con las demandas del entorno, o bien, insuficientes o exageradas, según el enfoque, las circunstancias, la situación de cada persona.

Parece correcto decir entonces, en términos generales, que el estrés es la forma en la que el cuerpo reacciona a un desafío, dependiendo de diversas condiciones y circunstancias. Realmente, es necesario para superar las situaciones que demanden más esfuerzo y activación. Pero, debiendo tener en cuenta que lo que si debe prevenirse es el exceso de este.

Desde la Psicología, el estrés se clasifica en dos categorías según su incidencia.-

Estrés agudo.-  Se ocasiona en un breve periodo de tiempo y normalmente desaparece con rapidez. El individuo experimenta una sensación de peligro inminente. Normalmente lo percibe en primer lugar la mente y momentos después, reacciona el cuerpo de manera fisiológica, el ritmo cardiaco se acelera, aumenta la sudoración… Pero, dado al escaso tiempo que dura no suele ocasionar problemas importantes para la salud.
Desde este punto de vista es normal sentir la sensación de MIEDO. Puede surgir
de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano.

Estrés crónico.- Se padece durante un periodo de tiempo más prolongado que el estrés agudo. Las personas que padecen este tipo de estrés pueden acostumbrarse tanto a la situación de activación, que pueden llegar a no darse cuenta de que lo viven y acaban sufriendo problemas de salud. Suele aparecer cuando las personas no ven una salida a una situación compleja y deprimente, algunas veces aparece por una experiencia vivida en la niñez que se interioriza y se mantiene latente desde entonces. El peor aspecto del estrés crónico es que las personas se acostumbran a él, se olvidan que está allí. Las personas toman conciencia de inmediato del estrés agudo porque es nuevo; ignoran al estrés crónico porque es algo familiar, una sensación conocida.

En lo que sí coinciden muchas doctrinas, es en que las reacciones ante el estrés cambian según las características individuales de cada persona. Algunas de las más típicas son.-

Fisiológicas: aumento del ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la tensión muscular, la sudoración y la secreción de adrenalina, así como respiración superficial con mayor frecuencia.

Emocionales: miedo, irritabilidad, humor depresivo, ansiedad, enojo y motivación disminuida.

Cognitivas: atención disminuida, reducción de la percepción, olvidos, pensamiento menos efectivo, reducción en la capacidad de aprendizaje y de resolución de problemas.

Conductuales: disminución de la productividad, incremento del consumo de drogas y/o alcohol; hiperactividad, falta de sueño; o más cansancio, agotamiento, desgana.

Ya que hemos hecho alusión a ella, de una manera muy genérica y sencilla, vamos a intentar definir la ANSIEDAD,algo también complicado, ya que muchas teorías la definen como una emoción, o un estado mental, o simplemente una respuesta a una situación desconocida que no podemos controlar.

Así, es definida como una respuesta del organismo ante situaciones límites, que se caracteriza por una sensación de angustia leve o miedo.

También como un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.

O como una respuesta automática de nuestro cuerpo para prepararnos para la lucha o para la huida ante una amenaza o un peligro. Ya que desde este punto de vista, se entiende que cuando tenemos que huir de algo que nos amenaza o luchar contra algo que creemos que nos ataca, necesitamos respuestas potentes e inmediatas. Es entonces cuando las emociones nos ayudan, surgen como respuestas automáticas, para prepararnos a la acción. La angustia, la ansiedad o el miedo nos preparan para una huida rápida y efectiva; la ira nos prepara para el ataque demoledor.

De hecho, si se comparan Ansiedad y Miedo, podemos ver cómo, el miedo surge como una reacción automática ante una amenaza o peligro y la ansiedad aparece inmediatamente después, cuando entra en funcionamiento nuestro pensamiento. El miedo responde al condicionamiento clásico y es inmediato. Mientras que en la ansiedad interviene el pensamiento que nos prepara para lo que va a ocurrir en un futuro, no en el momento inmediato.

En lo que sí coinciden los expertos es en su sintomatología, amplia, puesto que son muchos los posibles síntomas acompañantes a la ansiedad:

  • Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca (taquicardia).
  • Sensación de ahogo, con respiración rápida. Hiperventilación que ocasiona Hipocapnia (disminución de CO2) con alcalosis respiratoria
  • Opresión en el pecho e incluso dolor.
  • Miedo o pánico. Literalmente, sentirse a morir.
  • Sudoración o escalofríos.
  • Temblores.
  • Náuseas o molestias abdominales.
  • Mareo.
  • Sensación de irrealidad.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueo.

Pero, no debemos tomarlo como algo malo o negativo, hasta que no se convierte en un trastorno. La ansiedad es una emoción que todo el mundo ha experimentado en algún momento y que ayuda al organismo a prepararse para hacer alguna cosa importante. La ansiedad produce una reacción psicofisiológica de activación intensa del sistema nervioso central y de todo el organismo. Aparece cuando se ha de actuar en una situación que demanda un esfuerzo intenso o sostenido y sirve para activar y hacer frente a una amenaza o peligro que está ocurriendo en el presente o que puede pasar en el futuro.

Provoca cambios en diferentes sistemas del cuerpo (activándolos) que nos preparan para actuar y ayudan a responder de manera rápida.

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